Para comprar, un segunda mano revisado.

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Hace cinco meses que adquirí un coche de segunda mano: un flamante Mercedes-Benz CLK. Es un 230 Kompressor acabado Sport y con llantas AMG. Además de precioso, va de cine. Corre y se agarra en carretera de primera. Un lujo. Siempre había tenido coches nuevos pero la crisis y, también el cabreo de ver lo mucho que se depreciaban con el tiempo, me decidieron. Lo que fastidia gastarte 30.000 euros en un GTI y comprobar que, a los cuatro años, te dan por él, con suerte, la tercera parte.

También me convenció comprar el CLK el que lo tenía un amiguete mío. Un tío que sabe tanto o más que yo de coches. Alguien que lo primero que hizo fue ponerme al volante para que lo probara. Desde luego, no lo habría adquirido sin haberlo conducido antes. Con todo, no me fiaba completamente y le pedí que si lo podía ver un mecánico profesional. Sin dudarlo, me dijo que sí. Quedé con él otro día y me dio las llaves para que me lo llevase al taller que quisiera. Lo llevé a uno de un conocido. De confianza. Allí lo subieron al elevador para comprobar que no tenía golpes en el bastidor y le comprobaron las cotas de las ruedas. Todo en orden. Nada como mirar un coche por debajo para saber qué vida le han dado (impactos, corrosión, rajaduras…) Lo único que me advirtieron fue que las pastillas de freno delanteras estaban casi en las últimas. Algo que ya me había dicho el vendedor.

Después de este examen quise comprobar si el kilometraje era el correcto. Es muy normal que los cuentakilómetros estén tocados en los coches usados. Para ello y para verificar que no había avería oculta, le enchufaron el analizador electrónico. Los 186.000 km que marcaba eran reales. Después de superar ambas revisiones me lo compré. Por 6.000 euros conduzco ahora un buga con prestaciones de GTI y una línea preciosa. Además un M-B. Un cochazo. Cualquier utilitario o compacto nuevo básico me habría costado el doble. Y sin la imagen, prestaciones y equipamiento de éste.

Mi experiencia y mi consejo: compra un vehículo segunda mano, pero revisado por profesionales. Y si el vendedor te pone pegas, desconfía o dile directamente que no estás interesado. Y más ahora con la cantidad de coches que se ofrecen.

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