Transferencia del coche y como metí la pata por intentar ahorrar.

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Anecdota transferenica coche segunda manoMe acabo de topar con vuestro blog y os felicito porque me ha parecido utilísimo. Lástima no haberlo conocido hace 5 años, cuando compré a una compañera de trabajo de mi hermana, el Golf GTI del 2005 que tengo actualmente.

Bueno, paso a comentaros sin más mi experiencia. Trabajaba por aquél entonces como dependiente en una tienda, y no quería malgastar una o dos mañanas haciendo el trámite de cambio de nombre del coche en Hacienda y Tráfico. Además no tenía ni idea de cómo se hacía, ni me apetecía nada averiguarlo. Odio el papeleo.

Por todo ello, pedí presupuesto a alguna gestoría para que me solucionara el asunto. La más barata me cobraba como 60 € más el 18% de IVA, creo recordar. Eso solo por la gestión. La verdad es que me pareció caro, pero llegué a la conclusión de que no me iba a quedar otro remedio.

Mira por donde, buscando en internet otra cosa, me topé por casualidad con un anuncio de una chica que hacía trámites en Tráfico muy baratos. Sin pensarlo dos veces, la llamé y me dijo que podía hacerme la transferencia del coche por sólo 20 €. Una tal Conchita.

El precio me pareció estupendo. Si me lo hacía ella, me ahorraba 50 € y no perdía mi tiempo de vacaciones haciendo algo que aborrezco.

Quedé entonces con ella para darle los papeles y para que me hiciera los trámites, y ahí empezó mi calvario. Le dejé la documentación del coche, el contrato de compraventa, el impreso de transferencia firmado por mí y por el vendedor, una fotocopia del DNI del vendedor, mi carnet de identidad, y le firmé la autorización y el modelo 620 con mi cuenta bancaria para que liquidara el Impuesto de Transmisiones. Ah! también le pagué la tasa que cobraba Tráfico y los 20 € por su gestión, que me cobró por adelantado.

Hasta aquí todo perfecto. Esto fue tal que un miércoles por la tarde.

Al día siguiente, el jueves a media mañana, hablo con la tal Conchita y me dice que justo estaba ya en Tráfico terminando lo mío. ¡Qué eficiente!, me dije. Total, que quedamos en llamarnos al mediodía para que me pasara toda la documentación y mi DNI, pues lo necesitaba para el viernes por la tarde. Me iba unos días de vacaciones con mi novia a Berlín.
¡Soy un crack!. Todo lo que planeo va como la seda, seguía diciéndome, sacando pecho.

Al mediodía, viendo que Conchita no me llamaba según habíamos quedado, la llamo yo sobre las tres y me salta el contestador de su móvil. Estará hablando y cuando vea mi número me llamará, supuse.
Viendo que daban las seis de la tarde y no llamaba, la vuelvo a llamar y me salta el mensaje de móvil apagado o fuera de cobertura.
¡Horror!, si no la localizaba pronto, a ver cómo volaba al día siguiente a Alemania sin DNI.

Continué llamando en muchas ocasiones esa misma tarde y por la noche. Siempre con el mismo resultado, saltaba el mensaje de móvil apagado o fuera de cobertura.
Perdón por la expresión, pero me cagué en to!!. Todo mi orgullo se fue tornando en cabreo.

Pasadas las once y media de la noche, harto de insistir y bastante desesperado, me puse a bucear por internet como un loco, para informarme de si podría volar sin el DNI.
No me aclaré demasiado. En algunos comentarios en foros, decían que valía con el carnet de conducir, en otros que hacía falta también la denuncia de extravío, y por último estaban los que afirmaban que no se podía embarcar sin DNI o pasaporte.

En fin, que temeroso por la posibilidad de quedarme en tierra, me fui el mismo viernes a primera hora de la mañana a comisaría y denuncié el extravío para conseguir un nuevo DNI; perdiendo el día de vacaciones que quise ahorrarme encargando el trámite a la chica. Por suerte me hicieron el DNI en el día, gracias a que presenté el billete de avión y vieron que era urgente. Luego me enteraría de que, casi seguro, me hubiera valido con presentar el carnet de conducir y la denuncia de comisaría para embarcar. Por descontado que, durante toda la mañana estuve llamando insistentemente y sin éxito a la susodicha.

Ya por la tarde del viernes, estando en la sala de embarque del aeropuerto, me llama la Conchita de los coj… A buenas horas!, le contesto cabreadísimo. Le cuento la odisea y le echo una buena bronca. Me dijo que lo sentía mucho, que se le estropeó el móvil, que creía que era la batería, que al final se tuvo que comprar uno nuevo y que no pensaba que yo necesitaría los papeles con tanta urgencia, y que si quería me los llevaba en ese momento.
Viendo a la chica algo apesadumbrada, me compadecí un poco; y le dije que estaba a punto de embarcar a Alemania, que no volvería hasta la semana que viene y que me llamara entonces. Que ya quedaríamos, tranquilamente, para que me pasara la documentación.

De vuelta en España a la semana siguiente la llamo y, ¡sorpresa!, me vuelve a saltar el contestador de su móvil. Por un momento se me encoge el corazón. Me digo “otra vez no puede ser”, ¡tranquilo hombre!… Por suerte esta vez estaba en lo cierto, al cabo de unos angustiosos minutos me devolvió la llamada y por qué no decirlo, también “la respiración”.

Hablamos en plan más amistoso y quedé con ella para el día siguiente por la tarde, en la tienda en la que trabajaba, para que me pasara la documentación del coche ya a mi nombre y mi DNI, aunque este ya no lo necesitaba.

No. La cosa no acabó aquí. A media mañana del día de la cita veo en el móvil una llamada pérdida de ella. “Querrá cambiar la hora”, supuse. La llamo y, ¡¡SORPRESA CON MAYÚSCULAS!!: medio sollozando, me dice que ¡¡HA PERDIDO MI DOCUMENTACION EN EL METRO!!, que lo siente muchísimo, que llevaba dos carpetas, una de trámites terminados y otra con los pendientes. Que se había dejado en el asiento de un vagón la que contenía mi documentación y la de otros dos “clientes” y que no se había dado cuenta hasta después de comer, cuando fue a cogerla.

¡¡DIOS, NO PODÍA SER!!, no podía creérmelo, pero desgraciadamente la Conchita era así de inútil.
Como os podéis imaginar, la puse a caer de un burro. Tanto la grité que acabó por colgarme.
La llamé después super cabreado un montón de veces, para decirle que era su problema y que lo tenía que arreglar ella como sea. La “irresponsable” nunca volvió a coger el teléfono, asustada …., supongo.

Al final, una vez se me pasó el berrinche, tuve que perder dos días de mis vacaciones y por lo menos 70 € más, en resolver el entuerto que la negligente niñata había montado.
Me tocó primero ir a Tráfico a solicitar el duplicado del Permiso de Circulación, y luego a una ITV para hacer el duplicado de la ficha técnica.
Si es cierto, podría habérselo encargado ya a una gestoría, pero después de lo que había pasado comprenderéis que no me inclinara por esta opción.

Como remate final, comentaros que, por si fuera poco, “¡¡LA INÚTIL!!” liquidó también mal el Impuesto de Transmisiones. Al poco tiempo, me llegó una cartita de Hacienda de mi Comunidad para que pagara la diferencia. Fue poco importe, pero sumado a lo acontecido, no se lo deseo ni al peor de mis enemigos.

Y hasta aquí mi experiencia, que espero os ayude a evitar meteros en estos charcos. Os recomiendo que intentéis hacer siempre la transferencia de vuestro coche de segunda mano que os compreis por vosotros mismos; o si no podéis, por medio de un gestor profesional. Eso sí, llevarle en persona la documentación y entregarsela en mano.

Encargar gestiones a alguien no profesional y que no conocía me salió muy, pero que muy caro

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