Vendiendo mi coche de segunda mano, a un “abulense”, claro.

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Hace unos meses vendí mi Suzuki Vitara a un chico de un pueblo de Ávila y os cuento lo que me pasó.

Anuncié mi coche en algunas webs de clasificados y casi inmediatamente recibí, entre otros, los típicos correítos de “si me lo dejas a la mitad me lo quedo”, y esos otros mal traducidos que te piden los datos bancarios para enviarte el dinero por adelantado a tu cuenta y luego ya si eso …:) alguien vendrá a por el coche. Como es lógico no hice ni caso.

Los que me llamaron fueron bastantes menos que los que mandaron mails, pero al contrario que estos, parecían estar más interesados en el coche que en intentar timarme. La gente que llamaba no tenía nada claro lo que iba a preguntar, y, al final, por romper el silencio, acababan haciéndome una o dos preguntas muy abiertas, del tipo ¿qué tal está el coche? … A lo que yo contestaba: Bien hombre, aunque como cualquier coche con años tiene sus cosillas …

Al teléfono, casi todas las voces que oía me sonaban muy parecidas y cuando preguntaba de dónde me llamaban, la mayoría contestaba que, de Ávila, o de algún pueblo de alrededor. Este detalle me tenía intrigado. No dejaba de preguntarme, por qué a los abulenses les gustaba tanto mi Suzuki. Uno de ellos llegó incluso a llamar a las 10 de la noche comentando que salía de Ávila a ver el coche en ese momento y que estaría en Madrid inmediatamente con el dinero en el bolsillo para, si le parecía bien, llevárselo ¡ya! Ni que decir tiene que me pareció bastante extraño y sospechoso. Opté por darle largas, con la excusa, verdadera por cierto, de que había reservado el coche durante unos días a otra persona, también abulense, por supuesto.

A éste último, le reservé el vehículo por al gran interés que mostró por teléfono. Quedé un día con él para que lo viera y una o dos horas antes de la cita me llamó diciendo que tenía una pulmonía y que estaba en el hospital, con lo que no podría venir hasta la semana que viene. Me pidió que, por favor, le siguiera guardando el coche, porque estaba muy interesado e, incluso, llegó a ofrecerme pagarlo por adelantado antes de verlo.

La aparente normalidad de su voz para estar enfermo de pulmonía, unido al ofrecimiento del pago por adelantado del coche me mosqueó bastante. ¿Será un timo?, pensé. Creo que reaccioné bien y decliné la oferta del pago anticipado, sobre todo porque sospechaba que era un timador y que solo buscaba saber el número de mi cuenta bancaria para algún tipo de chanchullo financiero. No obstante, y por si acaso, le desee una pronta mejoría y me comprometí a guardarle el coche para que lo viera la semana que viene. Los días pasaban y me llamaba. Con cierto alivio, di el asunto por olvidado, hasta que, entre las llamadas de varios “abulenses”, recibí la una de una chica de Madrid que parecía interesada en el coche, por lo que me cité con ella y su marido para enseñarselo el domingo de esa misma semana.

Como soy bastante legal y no me gusta quedar mal con nadie, llamé al enfermo, para advertirle. Me comentó que había mejorado y que me llamaría en la semana para quedar. Le dije entonces que si quería comprar el coche debía ser el sábado o antes porque el domingo ya había quedado con una posible compradora y que no estaba dispuesto a reservárselo a él por más tiempo. Al final, quedó en llamarme el sábado para ver si podía venir ese mismo día.

Viendo que no llamada para quedar, el mismo sábado, y para evitar malentendidos, me decido a llamarle. Una vez le localizo me dice que sí tenía idea de pasarse a verlo, pero que tiene un problema. “Tengo ya 3 coches a mi nombre y no quiero poner otro más,… no te importa que hagamos el contrato a nombre de mi hermano”, me pregunta.
¡Buf!, timo seguro, pensé en aquel momento. Casi instintivamente, le dije “¡NO!, lo siento pero mejor lo dejamos, yo solo voy a hacer la operación con quién vaya a ser el titular del vehículo. “Voy a llamar ahora a mi hermano, a ver si puede venir también a ver el coche y te llamo de nuevo”, me dijo. Ya me desentendí de él, pensando en la chica interesada con la que había quedado para el día siguiente.

Cuál fue mi sorpresa, cuando una hora más tarde suena el teléfono, ¿adivináis quién era? Pues sí, era él, el enfermo que ya tenía tres coches. Me comenta que su hermano no puede bajar a Madrid y que entonces lo pondría a su nombre y que podíamos vernos en una hora y media.
A estas alturas, como ya os podéis imaginar, estaba bastante preocupado. Llegué a pensar que, lo mismo había caído en una red de profesionales abulenses especializados en trapicheos con coches de segunda mano.

Por fin llega el momento el, más temido que querido, encuentro. Sorprendentemente, el abulense aparece a la hora indicada. Viene solo y aparenta estar sano y hasta ser una persona formal. No me lo podía creer, a primera vista no tenía la más mínima pinta de estafador.

Después de presentarnos y mantener una amigable conversación, mira el coche por encima, lo arranca, le cuento algunos detalles sobre su estado y mantenimiento y ¡SORPRESA! de nuevo, aunque agradable esta vez. Me dice que se queda el coche.

Me muestra su documentación, hacemos copias de los DNI y de la documentación del coche. Firmamos los papeles y me paga en metálico sin apenas regateo. ¡Aleluya!, he vendido el coche, y sin bajar un céntimo. Miro el dinero una y otra vez sin acabar de creérmelo, parece auténtico. Comenzaba a pensar que era imposible comprar y vender coches directamente entre particulares sin ser víctima de algún tipo de engaño.

Al día siguiente le envío un mail para ver cómo le ha ido la vuelta con el coche hasta su pueblo de Ávila y para pedirle que, por favor, me remita por mail lo antes posible la copia de la ficha técnica y el permiso de circulación a su nombre para no tener que presentar yo en la DGT el impreso de notificación de venta del vehículo. Me comenta que la vuelta con el coche fue muy bien y que ahora se marchaba de viaje al extranjero y que no sabía cuándo podría hacer el cambio de titularidad. Sin ánimo de aventura, opto por presentar yo mismo en la DGT el impreso de notificación de venta del coche y me quedo tranquilo.

Fin de la venta, y de mi historieta. … ¡Arf!

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