Transferencia del coche y como metí la pata por intentar ahorrar.

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Anecdota transferenica coche segunda manoMe acabo de topar con vuestro blog y os felicito porque me ha parecido utilísimo. Lástima no haberlo conocido antes, cuando compré a una compañera de trabajo de mi hermana, el Golf GTI del 2012 que tengo actualmente.

Bueno, paso a comentaros sin más mi experiencia. Trabajaba por aquél entonces como dependiente en una tienda, y no quería malgastar una o dos mañanas haciendo el trámite de cambio de nombre del coche en Hacienda y Tráfico. Además, no tenía ni idea de cómo se hacía, ni me apetecía nada averiguarlo. Odio el papeleo.

Por todo ello, pedí presupuesto a alguna gestoría para que me solucionara el asunto. La más barata me cobraba como 60 € más IVA, creo recordar. Eso solo por la gestión. La verdad es que me pareció caro, pero llegué a la conclusión de que no me iba a quedar otro remedio.

Mira por donde, buscando en internet otra cosa, me topé por casualidad con un anuncio por palabras, de una chica que hacía trámites en Tráfico muy baratos. Sin pensarlo dos veces, la llamé y me dijo que podía hacerme la transferencia del coche por sólo 20 €. Una tal Conchita.

El precio me pareció estupendo. Si me lo hacía ella, me ahorraba 50 € y no perdía mi tiempo de vacaciones haciendo algo que sinceramente aborrezco.

Quedé entonces con ella para darle los papeles y que se encargara de hacer los trámites, y ahí empezó mi calvario. Le dejé la documentación del coche, el contrato de compraventa, el impreso de transferencia firmado por mí y por el vendedor, una fotocopia del DNI del vendedor, mi carnet de identidad, y le firmé la autorización y el modelo 620 con mi cuenta bancaria para que liquidara el Impuesto de Transmisiones. ¡Ah!, también le pagué la tasa que cobraba Tráfico y los 20 € por su gestión, que me cobró por adelantado.

Hasta aquí todo perfecto. Esto fue tal que un miércoles por la tarde.

Al día siguiente, el jueves a media mañana, hablo con la tal Conchita y me dice que justo estaba ya en Tráfico terminando lo mío. ¡Qué eficiente!, me dije. Total, que quedamos en llamarnos al mediodía para que me pasara toda la documentación y mi DNI, pues lo necesitaba para el viernes por la tarde. Me iba unos días de vacaciones con mi novia a Berlín.
Ja, ¡soy un crack!, pensé. Todo lo que planeo sale como la seda, me dije a mi mismo, sacando pecho.

Al mediodía, viendo que la tal Conchita no me llamaba, según habíamos quedado, la llamo yo sobre las tres y me salta el contestador de su móvil. Estará hablando, supuse, y cuando vea mi número ya me llamará.

Viendo que eran las seis de la tarde y no me había llamado, la vuelvo a llamar y me salta el mensaje de móvil apagado o fuera de cobertura.
¡Horror!, si no la localizaba pronto, a ver cómo volaba al día siguiente a Alemania sin mi DNI.

Continué llamando en muchas ocasiones esa misma tarde y por la noche. Siempre con el mismo resultado, saltaba el mensaje de móvil apagado o fuera de cobertura.
Me cagué en to!!. Todo mi orgullo se fue tornando en cabreo.

Pasadas las once y media de la noche, harto de insistir y bastante desesperado, me puse a bucear por internet como un loco, para informarme de si podría volar sin el DNI, pero no me aclaré demasiado. En algunos comentarios en foros, decían que valía con el carnet de conducir, en otros que hacía falta también la denuncia de extravío, y por último estaban los que afirmaban que no se podía embarcar sin DNI o pasaporte.

En fin, que temeroso por la posibilidad de quedarme en tierra, me fui el mismo viernes a primera hora de la mañana a comisaría y denuncié el extravío para conseguir un nuevo DNI; perdiendo el día de vacaciones que quise ahorrarme encargando el trámite a la chica. Por suerte me hicieron el DNI en el día, gracias a que presenté el billete de avión y vieron que era urgente. Luego me enteraría de que, casi seguro, me hubiera valido con presentar el carnet de conducir y la denuncia de comisaría para embarcar. Por descontado que, durante toda la mañana estuve llamando insistentemente y sin éxito a la susodicha.

Ya por la tarde del viernes, estando en la sala de embarque del aeropuerto, me llama la Conchita de los coj … ¡A buenas horas!, le contesto cabreadísimo. Le cuento la odisea y le echo una buena bronca. Me dijo que lo sentía mucho, que se le estropeó el móvil, que creía que era la batería, que al final se tuvo que comprar uno nuevo y que no pensaba que yo necesitaría los papeles con tanta urgencia, y que si quería me los llevaba en ese momento.
Viendo a la chica algo apesadumbrada, me compadecí un poco; y le dije que estaba a punto de embarcar a Alemania, que no volvería hasta la semana que viene y que me llamara entonces. Que ya quedaríamos, tranquilamente, para que me pasara la documentación.

De vuelta en España a la semana siguiente la llamo y, ¡sorpresa!, me vuelve a saltar el contestador de su móvil. Por un momento se me encoge el corazón. Me digo, “otra vez no puede ser”, ¡tranquilo hombre! … Por suerte esta vez estaba en lo cierto, al cabo de unos angustiosos minutos me devolvió la llamada y por qué no decirlo, también “la respiración”.

Hablamos en plan más amistoso y quedé con ella para el día siguiente por la tarde, en la tienda en la que trabajaba, para que me pasara la documentación del coche ya a mi nombre y mi DNI, aunque este ya no lo necesitaba.

Pues no. La cosa no termina aquí. A media mañana del día de la cita veo en el móvil una llamada pérdida de ella. “Querrá cambiar la hora”, supuse. La llamo y, ¡¡SORPRESA CON MAYÚSCULAS!!: medio sollozando, me dice que ¡¡HA PERDIDO MI DOCUMENTACION EN EL METRO!!, que lo siente muchísimo, que llevaba dos carpetas, una de trámites terminados y otra con los pendientes. Que se había dejado en el asiento de un vagón la que contenía mi documentación y la de otros dos “clientes” y que no se había dado cuenta hasta después de comer, cuando fue a cogerla.

¡¡DIOS, NO PODÍA SER!!, no podía creérmelo, pero desgraciadamente la Conchita era una inútil en toda regla. Como os podéis imaginar, la puse a caer de un burro. Tanto la grité que me colgó. La llamé después super cabreado un montón de veces, para decirle que era su problema y que lo tenía que arreglar ella como sea. La “irresponsable” nunca volvió a coger el teléfono, asustada, supongo.

Al final, una vez se me pasó el berrinche, tuve que perder dos días de mis vacaciones y por lo menos 70 € más, en resolver el entuerto que la negligente niñata había montado.
Me tocó primero ir a Tráfico a solicitar el duplicado del Permiso de Circulación, y luego a una ITV para hacer el duplicado de la ficha técnica. Si es cierto, podría habérselo encargado ya a una gestoría, pero después de lo que había pasado opté por hacerlo yo mismo.

Como remate final, comentaros que, por si fuera poco, “¡¡LA INÚTIL!!” liquidó también mal el Impuesto de Transmisiones. Al poco tiempo, me llegó una cartita de Hacienda de mi Comunidad para que pagara la diferencia. Fue poco importe, pero sumado a lo acontecido, no le deseo esta experiencia ni al peor de mis enemigos.

Y hasta aquí os puedo contar. Espero que mi historia evita a otros meterse en tales charcos, y recomiendo hacer siempre la transferencia del coche de segunda mano que vayáis a comprar por vosotros mismos; o si no podéis o no tenéis tiempo, acudiendo siempre a un gestor profesional. Eso sí, llevar en persona la documentación y entregársela en mano.

Por mi parte, he aprendido la lección en carne propia, y nunca más encargaré el papeleo de nada, a alguien no profesional o que no conozca.

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1 comentario

  1. Hace un año compré un VW Passat de segunda mano e hice el cambio de titularidad a través de una web que me propuso la vendedora porque, al parecer, podían hacer la transferencia del coche online, sin que fuera necesario que se personara su padre que estaba enfermo y que no se podía mover para hacer el papeleo.

    Aunque hacer el trámite así salía bastante más caro que hacerlo de forma presencial en una gestoría y no me convencía lo de andar mandando firmas y documentación sin certificado electrónico, tuve que aceptar porque el coche estaba muy bien y tenía muy pocos kilómetros pues su padre no lo usaba desde hacía 2 años y ella solo lo sacaba del garaje de vez en cuando para que no se quedara sin batería.

    Tras un auténtico calvario, porque tuve que enviar a la web, fotos o escaneos de toda la documentación y rellenar bastantes formularios, por fin me remitieron el permiso de circulación a mi nombre. Aunque para más INRI, me tocó ir a recoger el permiso a la agencia, ya que no podían entregarme en el horario que suelo estar en casa.

    El caso es que, al cabo de un tiempo, me llama por teléfono el hermano de la vendedora, y me pregunta por quien me había vendido el coche. Me cuenta que su padre había fallecido en la fecha en la que su hermana me vendió el coche, y que por tanto la venta no es válida, pues no se había repartido la herencia.

    Llamo entonces a la vendedora, y me dice que no quiere saber nada de su hermano, que es un egoísta y que su padre firmó el contrato de compraventa y los papeles antes de morir y “ya no se le puede preguntar”.

    A fecha de hoy ya estoy de abogados, porque los herederos quieren su parte de la venta del coche y la hermana no está dispuesta a dársela ni tampoco a devolverme el dinero para deshacer la venta. Por si fuera poco, me cuenta otro de los hermanos que su hermana está bastante desequilibrada y que lleva en tratamiento con psiquiatras y psicólogos desde hace más de 10 años.

    Aparte de la preocupación y las pérdidas de tiempo, creo que este asunto me va a costar bastante dinero.
    Una y no más …, la próxima vez que compre un coche de segunda mano me voy a una gestoría de toda la vida y firmo toda la documentación allí mismo, con presencia del propietario, pero “VIVO”, por Dios …

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